Hasta siempre Adolfo

En memoria de Adolfo Álvaro Martín, fallecido el 29 de julio de 2009. Descanse en Paz.

Poco después de haber cumplido mis 22 años comenzaba mi segunda experiencia en el mundo periodístico –mi primera como licenciado- realizando las practicas en Onda Jerez. Muchos saben que se trata de una cadena más que familiar para mí, pues ya de pequeño disfrutaba de las mejores retransmisiones cofradieras desde la mítica unidad móvil, entonces ubicada en la rotonda de los casinos. A pesar de todo, habían pasado ya muchos años, por lo que no esperaba un gran recibimiento, pero el trato que recibía de mis compañeros era más que cordial. Muchos ya me conocían, especialmente los más veteranos; algunos sólo de oídas; los demás me conocieron con el tiempo. Si fuese políticamente correcto, tendría que decir que no podría quedarme con ninguno de ellos, pero no es así. Estaría faltando al principio de veracidad que tan bien me enseñaron. Por eso quiero aprovechar esta lamentable ocasión para dedicarle estas líneas, con la misma humildad que cariño, a Adolfo, al que conocí como jefe de informativos de Onda Jerez, y siempre recordaré como mi primer gran maestro periodístico.

Estuve tan sólo 4 meses a sus órdenes. Sería injusto reconocer que le veía como jefe. Me trataba con la sabiduría de quien tiene mucho que enseñar a quien acaba de empezar a aprender. Cada mañana que pasaba allí, nos reuníamos todos en su despacho para organizar el trabajo. A pesar de mi inexperiencia, desde el primer día me trataba como uno más, y no dudaba a la hora de hacerme responsable sobre algún tema polémico. Fue todo un placer trabajar con tanta confianza, y mi condición de novato me hacía sentirme todo un privilegiado.

Hace ya 4 años de aquello. A la cabeza me viene el recuerdo de su imagen, sentado en su despacho con actitud reflexiva, hablándome con la misma naturalidad con la que me habla mi padre desde el sofá de mi casa. No era nada presuntuoso, a pesar de haberse llevado toda la vida encabezando redacciones periodísticas. Quizás por esta razón, cuando él hablaba, hasta los más veteranos del lugar permanecían atentos a sus argumentos. Su forma de hablar era de poderosa convicción; sabíamos que estábamos ante alguien que destacaba por encima del resto. Y no importaba cual era el asunto en cuestión, pues todos recibían el mismo tratamiento. Más allá de su gran capacidad periodística, curtida en mil batallas, Adolfo era una persona honesta y de gran humanidad. Con total seguridad diré que esa era su mejor virtud como jefe; era una gran persona.

Ahora recuerdo como recibí la noticia de cómo había sido víctima de una enfermedad casi invencible. No quise darle mucha importancia a aquello. Me parecía tremendamente injusto que algo así le ocurriese a una persona que se ha dedicado a aportar tantos valores humanos a una profesión tan insensible. Aún hoy me cuesta entenderlo. No creo en el destino, pero si existe, ha sido incomprensiblemente torpe e injusto en su caso.

El mundo periodístico echará en falta su sensatez y rigor informativo. Pero yo no podré olvidar jamás sus lecciones, pues fue mi primer gran maestro; aquel que me trasmitió desde su experiencia y genialidad una visión más allá de lo profesional. Estés donde estés, Adolfo MUCHAS GRACIAS.

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